“Gemeinschaftsgefühl»

Gemeinschaftsgefühl»
Ahí te lo dejo.
A menos que sepas alemán o tengas conocimientos de Disciplina Positiva, este “palabro», te puede sonar incluso hasta mal.
En realidad, tiene un significado fabuloso, se podría traducir como un «sentimiento de comunidad», o «interés social”, entendiendo interés, como sentido o sentimiento social.

Éste, es un término que acuño Alfred Adler, que fue un psicoterapeuta vienés (1870-1937), que fundó su propia escuela psicológica, la Psicología Individual o Adleriana, alejándose así de su maestro Sigmund Freud.
Es paradójico que utilizará el término de «sentimiento de comunidad» cuando su corriente psicológica es “individual”, y esto es así porque basó sus teorías en el estudio del carácter y la personalidad del individuo, pero con aportaciones tan importantes, como el complejo de inferioridad/superioridad,  conflictos entre situaciones reales del individuo y sus aspiraciones siempre enfocadas en un beneficio para el entorno indicando que ningún individuo lograría la plena felicidad si sólo tiene metas egocentristas en las que no tiene en cuenta a la sociedad o al entorno que le rodea. Es fundamental en la Teoría de Adler es deseo de pertenecer y de contribuir.

¿Y quién no quiere sentir que pertenece y que contribuye?
Imagina por un momento que estás en un grupo de Whatsapp. Imagina que escribes un mensaje al grupo y nadie te contesta.
Otras personas escriben y otros miembros del grupo les contestan, les mandan emoticonos, les ríen las gracias, les agradecen los chistes, les comentan cualquier cosa… pero… cada vez que tu mandas un Whatsapp, NADIE te contesta a tí, y sólo a tí. 
¿Cómo te haría sentir eso? Es posible que desconectado, que empieces a pesar porque no te contestan, o a preguntarte si están enfadados contigo, qué maleducados son que no me hacen caso, etc. (imaginación al poder!)
Y es que el ser humano es un ser social por naturaleza, NECESITA sentir que pertenece a un grupo, porque eso nos hace sentirnos seguros, protegidos y también conectados;  incluso esta necesidad puede hacer que podamos desarrollar habilidades como la empatía, la asertividad, la colaboración y la generosidad, valores tan importantes y a veces tan denostados hoy en día.
(Véase experimento de Warneken y Tomasello, en los que se observa que los niños desean contribuir desde edades tempranas: https://www.youtube.com/watch?v=zksz-o_n8QQ)
Pues yo ayer sentí ese Gemainshaftsgefühl. Como Educadora de Disciplina Positiva para Familias, tuve la oportunidad de asistir y compartir junto con más de cien compañer@s certificados por la Asociación Americana de DP en Familias y Aula,  nuevas experiencias con Jane Nelsen, co-creadora junto con Lynn Lyott, de la Disciplina Positiva basada fundamentalmente en la Teoría de Adler.
Ha sido un momento histórico hasta el momento; pudimos conectarnos online con ella gracias a las plataformas digitales que están presentes en este siglo y que hace que momentos de conexión como estos sean posibles.

Entre otras cosas, contó nuevos proyectos, («Positive Discipline at the Workplace”!!!), nos siguió alentando a la utilización por su importancia, de las reuniones familiares o de aula, nos respondió preguntas y dudas que nos habíamos planteado, nos proporcionó ejemplos y casos prácticos de éxitos y fracasos de sus talleres, y sobre todo nos animó a seguir creando comunidad, a seguir ayudando a miles de niños y miles de padres a disfrutar con la crianza de sus hijos y también a los educadores, los profesores de nuestros peques. Ellos que tienen una labor igual de importante con los niños: no sólo poner el foco en lo académico, sino en los valores y las habilidades de la vida, entre otras, buscar soluciones a los “problemas” / retos  del cada día  y también a ver las equivocaciones como fabulosas oportunidades de aprendizaje. En todos. No sólo en los niños. No sólo en los padres. No sólo en los educadores. Todos.

Cada uno de nosotros somos responsables de fomentar el crecimiento y las competencias sociales y emocionales de los más pequeños y eso con el premio y con el castigo no se consigue. Con el castigo se consigue el comportamiento deseado por nosotros en ellos, pero no porque tengan el deseo de hacerlo, sino por miedo a las consecuencias de no hacer lo que les “decimos”.
En DP abogamos porque el niño, adolescente, adulto, haga las cosas bien, aunque nadie le esté mirando, las hace de forma correcta porque tiene el sentimiento de comunidad, de pertenencia, de querer contribuir al bien común siempre presente. Y te habrá chocado que hablando de temas educativos haya mencionado como sujeto pasivo al adulto. Si. No ha sido un error. En la teoría Adleriana se hablan de cuatro metas erróneas que tienen los individuos: personas que sólo se sienten que pertenecen cuando llaman la atención, otros únicamente cuando mandan o al menos cuando no dejan que los demás les dirijan, otros que recurren a la venganza porque no se sienten tenidos en cuenta y por último, hay  personas que tiran la toalla porque ni sienten que contribuyen ni se sienten capaces.
¿Reconoces algún patrón de estos cuatro que te acabo de mencionar en tu entorno?

«Cada uno de nosotros somos responsables de fomentar el crecimiento
y las competencias sociales y emocionales de los más pequeños y eso
con el premio y con el castigo no se consigue.»
Alguna pregunta más para que reflexiones sobre ello: en nuestro día a día, ¿fomentamos el sentimiento de comunidad con nuestros hijos? ¿con nuestros empleados? ¿y la pertenencia o la contribución? ¿Cómo las trabajamos? ¿Cómo las ponemos de manifiesto? ¿Premiamos los buenos comportamientos y penalizamos los errores? ¿Creamos entornos seguros en los que los miembros de un grupo o un equipo puedan sentirse vulnerables y decir cómo se sienten, o que no saben algo o que se han equivocado?¿escuchamos para entender o escuchamos para responder sin importar lo que el otro me está diciendo?

Gracias por tu interés y contribución. ¿Te apetece compartir?
Lily @2positivekids
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