Dos niñas a las puertas de una casa comparando sus meriendas

Busque, compare y si encuentra algo mejor… cómprelo!

A estas alturas de la película y si tenemos una determinada edad, estoy convencida de que hemos escuchado en alguna que otra ocasión la famosa frase del «busque y compare».

Pues yo creo que las comparaciones son odiosas.  Sobre todo, las comparaciones a nivel personal. Y a continuación te cuento mis motivos para semejante afirmación.

Ya seas manager/director/jefe/supervisor/compañero de una empresa o bien tengas hij@s, te recomiendo encarecidamente que evites comparar bien miembros de la empresa o hacer comparaciones entre cualquiera de tus hij@s.

Porque si ya es malo que nos comparemos nosotros mismos con otras personas, imagínate el daño que puede hacer que alguien externo (nos importe o no), te diga que:

» no eres tan – guapo/alto/inteligente/proactivo, etc.- como tu hermano, tu primo, tu compañero, etc.-

Y es que, además, la tónica general, es que pocas veces salimos ganando en la comparación, el otro con el que nos comparan sieeeeempre es mejor.  (suspiro!). Más bien solemos llevar la parte de perder y eso nos hace daño básicamente en 5 aspectos que te detallo a continuación:

 

1. Nuestra autoestima se resiente brutalmente.

Si me están comparando con esta u otra persona significa que alguien cree que esa otra persona lo hace mejor que yo. Y aquí está el matiz, no importa como lo haga el otro, la importancia está en cómo lo hago yo, en el esfuerzo y tiempo que he invertido, si he prestado atención, si he disfrutado del reto, si he aprendido de lo que me ha pasado. El resultado es una parte ínfima del proceso. Pero si ponemos foco en el resultado, estaremos creando y educando personas materialistas y excesivamente competitivas. ¡Ojo con el excesivo foco en las notas de nuestros hijos e hijas! que no se vayan a creer que para nosotros es más importante unas calificaciones (más o menos objetivas) que la persona en sí, y seamos sinceros… esto, nos pasa.

 

2. Copiamos aquello con lo que nos comparan.

Como la otra persona, “aparentemente” nos dicen que es mejor, desecho lo mío y copio lo que hace el otro.

Así lo único que conseguimos es tener rebaños de ovejas que van todas a una, en bloque, en masa, sin pensamiento crítico, creyendo todo lo que me dicen o lo que sale en televisión o en la radio; cuando sería mejor que fuéramos personas creativas o que al menos piensan diferente, que hacen cosas diferentes o que tienen ideas innovadoras. Promovamos el pensamiento rupturista en nuestro entorno. Eres especial, único e intransferible, y puedes hacer grandes cosas no siguiendo a la mayoría. No te conformes con ser igual que los demás: es tremendamente aburrido.

 

3. Repetimos patrones de conducta. Como nos han comparado con otros, nosotros repetimos y comparamos a nuestros amigos, a nuestras parejas, a nuestros hijos, sus éxitos, sus posesiones, sus características, nos fijamos en lo que tienen y en lo que no. Buscamos en qué podrían ser mejores. Es decir ponemos el foco en lo que no tienen, en lo que les falta, en lugar de lo que ya tienen y nos aportan tal y como son. Cuántas parejas no se echan en cara que no son más cariñosos entre sí, que son poco detallistas, que no les hacen tanto caso como el novio/a de su amiga/o. No insistas en cambiar a otro, te desgastarás inútilmente.

 

4. Nos fijamos en los demás en lugar de centrarnos en nosotros mismos y en nuestros progresos; nosotros mismos nos empezamos a comparar con los demás y a medir nuestra valía por lo que hacemos en comparación con los éxitos o fracasos de los que nos rodean, cuando en realidad nuestra aspiración debería ser cada vez mejores comparados con nosotros mismos, aprendiendo algo nuevo para saber más que ayer, no para saber más que el otro. Al final acabamos con un gran sentimiento de frustración, porque como te decía llegar a unos estándares de «perfección» sólo nos genera ansiedad y no aceptación de lo que somos o tenemos.

 

5. Nos quita proactividad. Como yo soy “peor” comparado con la otra persona, mi pensamiento es que soy una “víctima”, no tengo la capacidad para conducir mi destino, sino que soy lo que me han dejado ser. Es una postura que debemos evitar a toda costa puesto que cada uno es dueño de su vida y debe tomar las riendas de la misma. Es lo que se denomina “indefensión aprendida”, yo no valgo para esto porque me han dicho que no sé, que no valgo, entonces, es que ni siquiera me molesto en intentarlo.

 

 

Con todo esto que has leído, ¿sigues creyendo que hay que estar comparando constantemente? ¿qué es eso que te pasa a ti para que estés comparándote constantemente?

En el momento que comprendas que tu eres suficiente, tal y como eres, comenzarás a disfrutar del camino, agradecerás lo que tienes y además ayudarás a los demás a crecer sin importar lo que digan los demás.

Adelaida @2PositiveKids

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