Ser madre y mis primeras preocupaciones

Soy, entre otras cosas,  mamá de dos niñas, de 5 y 3 años. El ser madre es un estado «civil» dificil de explicar, comienza con muchos nervios y en la mayoría de los casos, mucha ilusión desde el momento en que te enteras de que vas a tener un bebé, y pasa por muchos estadios, incertidumbre: ¿estará todo bien? ¿tendré complicaciones en el parto? ¿llegaré a tiempo a la epidural?, desconocimiento: ya está aquí, ¿y ahora qué? el primer día en casa, sólos con el «agente externo», la preocupación de hacerlo bien, mal o regular, lel ver si gana el peso suficiente o no, las revisiones del pediatra, la consecución en los distintos hitos en el crecimiento, la reacción a los estímulos, el gateo, que comience a caminar, las rabietas, los dientes, la alimentación complementaria, los terrores nocturnos, las rabietas, la separación en la guardería, el control de esfínteres, las rabietas, la elección del colegio, etc. etc.

No. No me equivocado.. las rabietas dan mucho miedo sobre todo porque no sabemos cómo reaccionar ante ellas, yo sin ir más lejos he aprendido a actuar con las rabietas, me he renovado, he visto que el tratamiento que tenía de ellas no era el adecuado, porque mi comportamiento no servía para acompañar en la medida que Maxi necesitaba. He perfeccionado la técnica con Maxi y las principales beneficiadas han sido Mini y yo.

Mi post: lamento

 

En definitiva, creo que hay una palabra que planea alrededor de la maternidad: el miedo.

Os confieso que el día que más miedo he tenido fue el primer día que me quedé sola con Maxi de dos años y la recién nacida de Mini (al papi se le había acabado el permiso de 15 días y alguno extra de vacaciones) y yo, que me las daba de madre experimentada de dos años, me acobardé cuando mi pareja me dijo que el día 6 de enero de 2014 era el primer día que volvía a trabajar. En serio, si no hubiera estado «sleep-deprived» (privada de sueño por los despertares nocturnos de Maxi desde que nació) hasta es probable que no hubiera dormido desde el día que me lo anunció hasta el día D), en serio, estaba muy angustiada porque no sabía qué iba a hacer todo el día con dos criaturas, una de dos años en plena época de (des)control de esfínteres que cada 20 minutos tenía la braga mojada y una recién nacida que sólo quería brazos y teta -y todo eso sin ayuda!!-. ¡¿¿Cómo iba a ser capaz de atender a las necesidades de las dos, sobre todo desde el modelo de crianza respetuosa y no morir en el intento??! En mi delirió pensé ¿cómo se apañan los padres que tienen gemelos o trillizos -y  más-? ¿Y los que tienen tres bebés con una diferencia de edad mínima (10-11 meses de diferencia)? Si ellos podían, yo también, los que me conocen personalmente, saben que a cabezona no me gana nadie y aunque con mucho miedo, decidí que debía destronarlo y creer en mi, en mi instinto de madre, que yo lo iba a hacer lo mejor posible y que mal o bien, mis hijas estarían atendidas, cuidadas y sobre todo, recibirían muchos besos y abrazos… Y como podéis adivinar… sobreviví, cierto es que enn todo el día comí un trozo de pan, los dos trozos de filete que Maxi no se comió, un poco de yogur, no pude lavarme ni la cara ni los dientes hasta que mi pareja llegó a casa por la noche, bajé al parque con la bolsa de los 20 cambios de bragas, el orinal portatil «Pottete», la futa para la merienda,  la parte de abajo del chandal, la parte de arriba del pijama, pero eso sí, con mis labios pintados, las gafas de sol para ocultar las ojeras, y un poco de colonia, para disimular la ausencia de ducha de ese día…  (ejem!)

 

Pero una vez que pasan esos primeros días / meses de ajuste, de acoplamiento entre todos los integrantes de la familia, compruebas que las cosas afortunadamente se desarrollan favorablemente, que entras en una rutina calma en la que los bebés necesitan mucho soporte vital (alimento, cariño, calor -y no nos olvidemos de los pañales limpios y secos!!!- y todo avanza relativamente fácil).

 

Además de estos primeros miedos, al no haber tenido bebés de familiares o amigos cerca y antes de tener a mis hijas, mis preocupaciones en mi tierna ingenuidad de novata, eran básicamente tres: cómo cojo a mi bebé para no hacerle daño, cómo hago para que pare de llorar, y en tercer lugar para cuando fuera más adulto, ¿cómo puedo entender a un bebé cuando habla? De los bebés que he conocido que han empezado a hablar recientemente, yo no podía entender lo inteligentes que eran sus madres al lograr descifrar esos balbuceos incomprensibles a mi oído.

 

¿Cómo las resolví? Aquí os cuento:

Para la primera, cogerles sin hacerles daño, tuve que esperar bien poco. Al segundo día de nacer, llegó la doctora experta en recién nacidos a hacerle una de las muchas revisiones que le hicieron durante los días que estuvimos en el Hospital, y además de hacerle todo tipo de perrerías a Maxi, que si te dejo caer para ver el reflejo de moro que consiste en colocar al bebé en una superficie acolchada, se coge su cabeza y se deja caer, sosteniéndola antes de que termine su caída. El niño reacciona o debe reaccionar, abriendo los ojos y los brazos debido al sobresalto. ufffff!!!  y otra prueba en el caso de Maxi al haber sido un embarazo en el que estuvo de nalgas practicamente los 9 meses le revisaron el movimiento de las caderas, apretujando las caderas, abriendo y cerrando, haciendo círculos, de un lado, del otro… el bebé, plácido, ni una lágrima.. y yo pensé: si la doctora no la ha roto, yo tampoco!!! Así que fin de la primera preocupación.

 

Segunda preocupación: ¿Cómo hago para que deje de llorar?

Me explico, cuando en la rara ocasión que he tenido un bebé en brazos que previamente estaba plácidamente en los de su madre, y de pronto ponía cara de medio estreñimiento, medio enfado, medio puchero, y se ponía a llorar (también conocido como berrido estridente), me ponía nerviosa, le mecía, le acariciaba, le susurraba, le cambiaba de postura, le ponía el chupete, le hacía de todo, pero nada funcionaba, entonces, ¿cómo iba a ser posible para mí poder calmar o tranquilizar a mi bebé cuando llorara? No sabía y eso me angustiaba…. en los cursos de preparación al parto, recuerdo que la matrona siempre nos decía que chequearamos las necesidades básicas del bebé.. hambre? pañal mojado? frío? calor? y si seguía llorando, repitieramos el ciclo… allí me tendríais que haber visto, preparada con el dorsal de competición para repetir los ciclos que hiciera falta como si fuera yo la más entrenada de las atletas… y sin embargo, todo fue mucho más fácil. Es verdad que me tocó repetir el ciclo unas cuantas veces, sobre todo al principio, pero básicamente en mi caso derivaron en dos… teta (en forma de alimento), y teta (en forma de cercanía, calor humano, protección y consuelo). A veces sólo con sentirme cerca, se calmaba y eso hacía que me sintiera mucho más tranquila. Al principio, cuando estás nerviosa, transmites esa intranquilidad al bebé, que no es capaz de discernir el motivo por el que la persona que debe protegerla está nerviosa y se contagia, por eso es importante que si no te ves con fuerzas, cedas el testigo, a tu pareja, a tus padres, al vecino… Recuerdo una ocasión en la que estando en la cocina de mi casa, escuchaba a través del patio llantos inconsolables de un bebé y deduje que eran de alguno de los gemelos que nuestro vecinos de planta habían tenido recientemente. Después de más de 10 minutos de llantos incontrolados, no pude resistirlo.. cogí a Mini (Maxi estaba dando un paseo con su papi),  llamé al timbre, me abrió una chica con cara de desesperación y le dije «¿me dejas que te ayude?» me contestó, «no sé qué hacer, estoy desesperada, la niña no deja de llorar!», fuimos al cuarto de los bebés y la tomé en brazos, y aunque al principio seguía llorando, no sé si se sorprendió al verse agarrada por otros brazos, la forma de cogerla, mi voz, mi risa o qué, pero poco a poco se fue calmando.. la mamá me decía, «es que no sé que le pasa, el niño es tan bueno, no protesta, está siempre de buen humor, come fenomenal, no llora y no puedo hacer nada con ella, está llorando constantemente, no para de protestar, está siempre de mal humor»… Entiendo que como madre, debes tener un gran sentimiento de impotencia cuando no eres capaz de calmar a tu propio hijo… pero, chequeando que no haya ningún problema de salud serio, como era en esta ocasión, el que el bebé sintiera unos brazos seguros, sin miedo y sin nervios, fue simplemente lo que hizo que esa bebita se calmara y estuvimos así por más de media hora… (el tiempo en el que mi propia hija empezó a protestar como indicando.. ey mami, muy bien, pero creo que es hora de que dejes de coger a ese bebé y me cojas a mi -Mini tenía unos 16 meses y aún no caminaba-.

 

 

El tercer problema que me agobiaba era el ¿cómo voy a entender a mi hija cuando quisiera comunicarse conmigo?  Si no es que se me den muy mal los idiomas, pero ¿de verdad? ¿Alguien ahí afuera es capaz de entender a un bebé balbuceante? Pero como hay centrarse en buscar soluciones, busqué una forma divertida y fácil para comunicarme con mis hijas cuando aún ni siquiera fueran capaces de hablar? ¿Conoces el lenguaje de signos? En otro post te hablaré de este interesante tema. Si quieres evitar frustraciones por parte de tu bebé, deberías estar muy atento al post de babysigns!! Pronto, lo prometo.

 

 

 

Resumiendo: Disfrutad mamis. Primerizas o no. Con bebés chiquititos, babylescentes, niños pequeños, incluso adolescentes…. mi humilde consejo es que disfrutéis porque como dicen por ahí: ¡¡los días son largos y los años son muy cortos!!

Si te gusta lo que te he contado y / o te sientes identificada comparte esta entrada. Si quieres hacer un comentario, por favor, siéntete libre de hacerlo, así podremos ayudarnos unos a otros.

Gracias!!

 

Lily.

Publicado en El blog de Lily.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.